sábado, 15 de diciembre de 2007

religión carnavalesca

Falta aproximadamente mes y medio para que llegue el Carnaval, la fiesta de la carne, preludio de la cuaresma y posterior Semana Santa, épocas estas de supuesta vigilia, en el sentido más alimenticio y sexual del término. Pero el Carnaval para mí representa mucho más que un fin de semana de disfraces y desenfreno. Es mucho más que una cabalgata en la que desfilan gigantes y cabezudos, majestuosas carrozas llenas de lujo y glamour. El Carnaval es casi un modo de vida en Río de Janeiro, como también tiene fama mundial el de Venecia o Tenerife. Pero hay uno, mucho más pequeñito y exento de tanto lujo y glamour, que es el gaditano. El Carnaval de Cádiz es la fiesta de la palabra, donde abundan letras críticas, duras, emotivas, graciosas, y cargadas de ironía y doble sentido gaditano. Estas letras adquieren más carga al estar cantadas, con unas voces que, en muchos casos, poco tienen que envidiar a algunos cantantes de fama y postín que abundan en el panorama musical. El Carnaval de Cádiz (el de Cai Cai, como dirían los más castizos) da auténticas lecciones de periodismo, de un periodismo cantado y que goza de una gran independencia, y que tiene mayor carga crítica al estar hecho por gente de la calle, que son los que muestran sus opiniones. Además de la cantidad de agrupaciones callejeras (las llamadas ilegales porque no van al concurso) que se pueden ver durante la semana de Carnaval, hay otras muchas que participan en el COAC (Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas), para el cual falta ya menos de un mes (comienza el 13 de enero), y que este año, por motivos de calendario, llega con el sabor de los polvorones aún en la boca.
Por todo esto quiero poner aquí un pasodoble que un servidor escribió para la Chirigota Virtual del año 2006 y que se cantó en las tablas del Teatro Falla, el templo carnavalero por antonomasia, durante el pase de preliminares de ese año. La copla supone un recorrido por las sensaciones que para mí, y para muchos aficionados a esta locura, despierta el Carnaval de Cádiz. Decir también que ese año la chirigota se llamaba Los que viven dercarajo, y que representaban el tipo de actores porno (la idea del nombre la propuso un servidor). Espero que guste y para cualquier duda o aclaración basta con dejar un comentario. Y ahora silencio que suena Cádiz.
Yo también tengo mi religión,
Con mis dioses inmortales,
Y les rezo una oración
Todos los años
Por carnavales.
Mis apóstoles son doce,
Estos doce que les cantan,
Y predican mis sermones
Entonados con los sones
De acordes de guitarra.
Mi altar son las tablas del teatro,
Mi templo es de ladrillos coloraos,
La misa se celebra por febrero
Y van todos los creyentes,
Que son los aficionaos.
Mi fe no necesita mandamientos,
Las coplas son mi única doctrina.
Y el paraíso, y el paraíso
No tengo que buscarlo en otra vida
Me basta una visita
Al Templo de los sueños.
Por eso Carnaval de mis amores
Si alguna vez me faltas
Desciendo a los infiernos.

lunes, 3 de diciembre de 2007

maldiciendo y bendiciendo

Valga esta composición sonetil asabinada para manifestar una serie de opiniones sobre algunos hechos de actualidad. Este soneto, plagado de aparentes contradicciones (pero sólo en apariencia), recoge desde algunos desastres naturales ocurridos hace un poco de tiempo hasta atentados terroristas mucho más recientes, pasando por exaltaciones fascistas, peleas callejeras con trágicas consecuencias, vándalos de extrema izquierda disfrazados de antifascistas (ese traje les viene demasiado grande), verdaderos antifascistas que resistieron al franquismo (hay otros que, muy a su pesar, no pudieron resistir más), etc. Que lo disfruten, queridos lectores.


Malditos que disparan por la nuca.
Benditos que no viven ‘pa’ contarlo.
Jamás entendí, ni entenderé nunca,
Que pida libertad quien la está quitando.

Malditos sean los 20 de noviembre,
Que sale el cromañón de su caverna.
Benditos sean los que lucharon siempre
Por que nuestra memoria no se pierda.

Malditas sean las lluvias torrenciales.
Malditos sean los años de sequía.
Maldigo a los malditos que mal-dicen.

Benditos sean los caza-criminales.
Bendito el que no va de ‘cacerías’.
Bendigo a los benditos que bien-dicen.